La escuela detrás de las cuerdas

Este proyecto nació de una convicción simple: la guitarra se aprende de verdad cuando se toca con otros y se entiende qué se está haciendo. Por eso cada clase combina trabajo técnico con análisis de canciones, arreglos propios y mucha práctica en vivo.

Un recorrido que se construyó tocando

El proyecto nació en 2016, cuando Jack Berthelot dejó las giras para dedicarse a la enseñanza. La primera clase fue en un living prestado, con dos guitarras y un cuaderno de arpegios. Lo que empezó como un favor a un amigo se convirtió en una escuela cuando los alumnos empezaron a pedir un espacio para tocar juntos y grabar sus propias ideas.

En 2019 alquilamos el primer local en la Costanera y montamos un estudio de grabación con equipamiento analógico. Ese movimiento cambió la dinámica de las clases: los alumnos ya no solo aprendían canciones, sino que entraban a la sala a registrar sus composiciones y escucharse con criterio. Hoy la escuela funciona con tres docentes, una sala de ensayo equipada y una agenda de talleres que se renueva cada cuatrimestre.

Una escuela donde la guitarra se piensa y se toca

Jack Berthelot no es un catálogo de clases sueltas. Es un espacio de formación donde la técnica, la armonía y la composición se trabajan como una sola cosa, con el oído puesto en el sonido real de una banda.

El proyecto nace de una convicción simple: un guitarrista formado no es el que acumula ejercicios, sino el que entiende qué toca, por qué lo toca y cómo suena dentro de un arreglo. Por eso cada recorrido arranca por el nivel real del alumno y avanza con repertorio, grabación y ensamble, no con manuales abstractos.

El tono de comunicación es directo y de taller: se habla de digitaciones, de voicings, de dinámicas y de cómo armar una segunda guitarra que aporte. Nada de promesas vacías ni atajos mágicos. Acá se practica, se escucha y se escribe música con criterio.

Recorrido del proyecto

La escuela no nació de un plan comercial sino de la necesidad de ordenar un método propio, probado en años de escenarios y salas de ensayo. Estas son las etapas que marcaron su forma actual.

2009

Primeras clases en casa

Empecé dando lecciones particulares a tres alumnos del barrio, con un cuaderno de ejercicios propio y un amplificador prestado. Ahí se definió la base del método: trabajar técnica y armonía siempre sobre canciones reales, no sobre ejercicios abstractos.

2013

La sala de ensayo como aula

Alquilé un espacio en el centro para dar talleres de ensamble. Los alumnos que venían solos empezaron a tocar juntos, y el formato de banda pasó a ser parte central de la formación. De esos grupos salieron las primeras presentaciones en vivo.

2017

Estudio de grabación propio

Incorporé un equipo de grabación compacto para registrar las clases y los ensayos. Escucharse desde afuera cambió la manera de corregir: los alumnos empezaron a notar detalles de sonido y dinámica que antes pasaban por alto.

2021

Programa de composición y arreglos

Formalicé el recorrido de composición, que hasta entonces aparecía de manera dispersa en las clases. Hoy incluye análisis de repertorio, escritura de arreglos para banda y sesiones de grabación para dejar las ideas con calidad de demo.

Cada etapa sumó una herramienta concreta al método. Lo que sigue es profundizar en la música ciudadana y abrir más espacios de práctica en vivo para quienes ya tienen un repertorio propio.